¿TE APUNTAS AL “REAL FOOD”?

El “Real Food” es un anglicismo, ya saben, un término que proviene de la lengua inglesa, pero que ha sido incorporado al idioma español. Porque “Real Food” significa comida real; o sea, comida tradicional, la de tu madre o la de tu abuela, la de toda la vida. Esa rica, rica, sana, sana y que siempre echas de menos cuando estás fuera de casa.

El caso es que el “Real Food” o movimiento “realfooding” se ha puesto de moda. Va, afortunadamente, de la mano de la salud y no es ni por asomo nuevo en el panorama de las tendencias. Este concepto ya tiene unos años y fue una idea del dietista y nutricionista Carlos Ríos. Su objetivo no era otro que mejorar la salud y la calidad de vida de las personas, aspectos que desde hace tiempo vienen interesando cada día más a los ciudadanos de la aldea global.

COMIDA REAL

La comida real o “Real Food” es una nueva forma de llamar a las recomendaciones que los profesionales llevan haciendo desde hace años para que compremos más productos frescos y releguemos los procesados. No obstante, lo que realmente es novedoso es su promoción a través del marketing y la creación de una especie de “tribu” adepta a este movimiento. Claro que habría que felicitarse porque en esta ocasión lo que se está promocionando es un concepto positivo.

Pero vamos al grano, ¿qué se entiende por comida real? Pues ni más ni menos que toda aquella que obtenemos de la naturaleza y en la que no se da ningún tipo de procesamiento en el alimento. Este grupo debe ser el predominante y el que forme parte de la base de cualquier dieta. En él estarían los huevos, las legumbres, las verduras, el pescado o la carne.

PROCESADOS BUENOS

Claro que, según los expertos, hay alimentos que se podrían incluir en la categoría de buenos procesados. Alimentos que han pasado por algún tipo de manipulación industrial o por la mano del hombre, sin que su calidad o condición de alimentos saludables hayan sufrido merma. Al contrario, este tipo de procesamiento ha alargado su condición de vida útil o ha facilitado el consumo. Los yogures, las conservas o la verdura congelada son algunos ejemplos.

LOS ULTRAPROCESADOS

En el extremo opuesto a la comida real están los denominados alimentos ultraprocesados. Para entendernos son los que sufren distintos tipos de procesamiento, además de contener una cantidad considerable de ingredientes que, mezclados entre sí, forman un producto hiperpalatable; o sea, un alimento que impulsa la epidemia de obesidad, según los científicos. Un consumo excesivo y prolongado en el tiempo tendría consecuencias nefastas para nuestra salud, por eso se recomienda que su ingesta no suponga más del 10% de nuestra alimentación. En este grupo estarían las galletas, los refrescos y las bebidas alcohólicas y, por supuesto, los famosos donuts.

EL ETIQUETADO

Seguro que está pensando, ¿qué hago yo para diferenciar un producto natural de otro que es procesado?

Pues recurrimos a lo que aconsejan expertos como el mentado Carlos Ríos.  “Si un alimento tiene en su etiquetado más de cinco ingredientes, hay más probabilidades de que pueda ser considerado ultraprocesado”.

Y añade que el primer ingrediente que encontremos al analizar el etiquetado será el que esté presente en mayor cantidad. “Si lo primero que observamos son harinas refinadas, aceites vegetales o azucares- en sus diversas formas-, debemos ser conscientes que son aquellos componentes los que más abundan en el producto”.

LOS BENEFICIOS

Los expertos han contabilizado múltiples beneficios en los seguidores de esta tendencia de salud. Vamos a ver los fundamentales. El primero, la reducción del desarrollo de enfermedades donde la alimentación es primordial, como diabetes o hipertensión arterial, además de un mayor aporte de micronutrientes en nuestro día a día. Otro de los beneficios es que mecanismos como el sistema inmune o el control hormonal mejoran y, evidentemente, el consumo de productos frescos será mayor. Tampoco debemos olvidarnos de la repercusión en el bolsillo a la hora de hacer la cesta de la compra. Este estilo de vida puede llegar a ser más económico, en términos generales, que uno basado en los ultraprocesados.

 

 

 

 

 

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